Helen Beatrix Potter, nacida en 1866 en Inglaterra, fue escritora de cuentos infantiles e ilustradora de sus propias obras, y en verdad es difícil valorar su importancia en estas lides dada la calidad que supo imponer en ambas.
Hija de una familia acomodada, siempre tuvo interés por los animales, que, a veces, furtivamente introducía en casa, y con los que forjó sus historias, llenas de ternura y de un halo inocente y mágico a la vez, que cautivó a niños y mayores de todo el mundo, al mismo tiempo que sus ilustraciones se convirtieron en un referente para los lectores y profesionales de la época.
Comprometida con su editor, Norman Warne, esta relación fue mantenida en secreto, ante la oposición de su familia, lo que significó un mayor distanciamiento de sus padres, con los cuales, nunca llegó a tener sintonía. De todas formas, la muerte prematura de Warne, dejó soltera a Beatrix hasta la edad de 47 años, en que se casó con su abogado William Heelis, y con quien no tuvo descendentes.
Beatrix, publicó 23 libros, siendo su personaje más famoso, el conejo Peter (Peter Rabbit).
Con serios problemas de visión, tuvo que dejar de escribir, comprando entonces una granja, a la que se retiró a cuidar ovejas. Poco a poco compró más terrenos, gracias a los ingresos por la venta de sus libros, y a la herencia de sus padres, y llegó a poseer grandes extensiones de terreno, que luego heredó el National Trust.
Entre sus obras, se encuentran: The Tale of Peter Rabbit (1902), The Story of Miss Moppet (1906), The Tale of Little Pig Robinson (1930).
La Lonja o Mercado de San Andrés, en una toma de 1905, que se encontraba en la actual Plaza de San Agustín, justo enfrente de la Iglesia de Jesús y del Museo del escultor Francisco Salzillo.
La iglesia de Jesús a la izquierda, y el Museo de Salzillo a la derecha, en la actualidad, en una foto tomada desde la plaza, donde estaba ubicado el viejo mercado.
«A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad» (Antonio Porchia)
Escritor y poeta, nacido en Italia el 13 de noviembre de 1886 que vivió la mayor parte de su vida en Argentina. Antonio Porchia nació en la provincia de Catanzaro y pasó su niñez en Avellino, siendo el mayor de siete hijos. En 1900, a la muerte de su padre, la familia decide emigrar a Argentina, donde trabajará en diversos oficios hasta que en 1918 junto a su hermano Nicolás, compra una pequeña imprenta en San Telmo (Buenos Aires) donde adquieren la experiencia y secretos del oficio. Al año siguiente, deja la imprenta y compra una casa en Saavedra (Buenos Aires) al tiempo que entra a formar parte de la Federación Obrera Regional Argentina y colabora en una publicación llamada «La fragua». Conocido en el barrio de «La boca», debido a sus constantes visitas, en este barrio, donde se alojaban gran cantidad de inmigrantes, hace amistad con pintores y escultores y funda la «Asociación de Arte y Letras Impulso» en 1940. Edita un libro que llama «Voces Abandonadas» y dona íntegramente la primera edición a una sociedad de bibliotecas populares hasta que en 1948 llega a las manos del poeta y crítico francés Roger Caillois, que queda impactado y busca a Antonio Porchia para hacer la traducción de su libro. En 1949 aparecen varios escritos en la «Revista Sur» y todos sus honorarios los dona «a algún poeta necesitado», dejando constancia de la humildad y solidaridad que lo acompañó durante toda su vida. En 1950 tiene problemas económicos y vende su casa para trasladarse a otra más pequeña, en el barrio de Olivos, la que habita hasta su muerte. Tiempo después, en un accidente hogareño Antonio Porchia recibió un fuerte golpe en la cabeza y tuvo que ser intervenido, resultando exitosa la operación pero tendría una recaída más tarde que lo llevaría a la muerte. Muere el 9 de noviembre de 1968, en el departamento de Vicente López, en Buenos Aires.
Su literatura, de un marcado intimismo, es directa a la vez que sugerente, lo que la hace ser crítica consigo misma y con la sociedad contemporánea, de la que fue, un gran incomprendido. Su particular dominio de la palabra, lo convirtió en un malabarísta de la composición
No olvides respirar, comer, reír, trabajar y descansar, jugar una partida de dominó con los amigos, enfadarte cuando haga falta, alegrarte también, con las alegrías de los demás. No olvides emocionarte, llorar si es preciso, cantar, bailar, sudar en el trabajo, ayudar al compañero, dar una limosna sin importar para que, reflexionar sobre las cosas importantes, aceptar los errores, conversar con los amigos, escuchar a tus hijos, pasear con tu esposa a la luz de la luna.
Recuerda ver el amanecer de vez en cuando, volver a empezar cada día, y recuerda todo lo que a mí se me olvida y es importante en tu vida.
Pero no olvides jamás, que eres humano y llegará un día en que no serás nada, ni nada tendrás, ni nada podrás llevarte: te irás como viniste, sin nada, con la única diferencia de que viniste sin nombre y sin hechos, y te irás con nombre y con hechos; tu nombre como el de tantos y tantos, pasará al olvido, y sólo quedarán los hechos. Cuida de que ellos, te hagan un hombre simplemente bueno.
He asistido a reuniones, en las que uno de los presentes, ha tomado la palabra y… bla, bla, bla, y me he perdido entre sus palabras y mis pensamientos. Nada interesante, por lo general se aporta en reuniones de amigos: que si el coche, el fútbol, las mujeres o los hombres, según… No critico esto, que es bueno, pero no como regla general. Lo banal abunda y a la larga se hace pesado, como una rutina, vamos, que es prescindible.
En otras, uno de los presentes, toma voz, y explica sus razones y conocimientos sobre un hecho. Lo hace sabiendo lo que dice, y dando a entender, que ha reflexionado sobre ello. Engancha desde el principio, consigue que los presentes centren su atención y al mismo tiempo, piensen en el tema. Alguien dirá que es demasiado filosófico para una reunión de amigos, y talvez tenga razón. Pero abogo por ello, porque en esta situación, los oyentes disponen de libertad para participar, a diferencia que en el anterior caso, en la que la mayoría de las veces, es el tedio el que invita a la retirada.
Y he ido a otras, en las que he intentando explicar mis conocimientos sobre un suceso o acontecimiento, y seguramente por no hacerlo bien, no he logrado el interés de la asistencia.
Visto lo anterior, me atrevo a pensar que «sólo sé que no sé nada», y que lo mejor es dejar la dialéctica a los grandes oradores y aprender de todos, buenos y malos.
Lograrlo es mi objetivo. Conseguirlo un compromiso.
Historia Real Acaecida en la Primera Gran Guerra...
El verdadero Alvin York
Alvin York (arriba), más conocido por Sargento York, fue un soldado estadounidense, que destacó en la Pimera Guerra Mundial, siendo el más condecorado de la contienda, por la hazaña de conquistar el solo, un puesto de ametralladoras alemán, matando a veinte soldados y haciendo prisioneros, al menos, a 132 de ellos.
Teniendo en cuenta que la película data de 1941, la Warner, pretendió con este film, enardecer al pueblo americano, ante la inminente entrada de E.E.U.U. en la Segunda Gran Guerra, como así sucedió (recuérdese que el ataque a Pearl Harbor, fue el 7 de diciembre de 1941), por lo que decidió llevar a la gran pantalla a uno de sus héroes.
Howard Hawks
Difícil papeleta le encargaron a Howard Hawks (foto derecha), ya que el protagonista de la historia, afortunadamente, vivía todavía, y obviamente, había que contar con él, para presentar los hechos, lo más verosímiles posible, y no partir de datos erróneos, que posteriormente dieran al traste con todo el montaje. Para ello, se contó con él, hasta el extremo de que fue el verdadero Alvin, el que escogió a su doble en pantalla: Gary Cooper (foto abajo). Este, era reticente a interpretar un personaje vivo, y Alvin, tuvo que intervenir para convencerlo de aceptar dicho protagonismo.
Los detalles aportados por el legendario York, la maestría en la dirección de Hawks y la dignidad profesional de un ya mito de Hollywood, Cooper, concibieron una película, que se ve y se lee, que crece lentamente, como la vida misma, se toma los respiros que necesita el personaje y ofrece una visión distinta (en el plano fílmico) de lo que fue una ofensiva militar en los campos atrincherados franceses, cuestión esta, que aprovecharon después muchos cineastas, a la hora de planificar sus películas sobre la segunda guerra mundial.
Escena de la película "Sargento York"
Alvin York, experimentó un cambio radical en su vida: salió del medio rural, se incorporó a una unidad militar, en contra de sus creencias cristianas que le hicieron pedir la objeción de conciencia, que le fue denegada, luchó por su patria y para proteger a sus compañeros, se convirtió en héroe de la contienda y de su país, entró con gloria, a su vuelta, en la gran urbe y en los ambientes más distinguidos, y volvió casi sin hacer ruido a su pueblo, donde su vida era feliz.
Realmente, York, consiguió en vida, lo que muchos de nosotros, sólo conseguimos en sueños, y a su vuelta pudo casarse, y ser un miembro respetado por todos sus vecinos.
Todo esto, queda reflejado en la película, que con el tiempo se ha convertido en un mito, y tema de discusión, pues su pretendido propagandismo de época, hoy no es aceptado como tal, escogiéndose más bien, el tono reflexivo del protagonista, en el sentido de que sus pensamientos y creencias, forjadas en férreas y jerárquicas estructuras, pueden en la actualidad, parecer caducos, y hacer imperar una moral más homogénea, liberal e individual, que justifique que esta historia, sea tenida en el presente, como una historia antibelicista.
Walter Brennan, ayuda espiritualmente a Alvyn York.
Afiche de "Solo ante el Peligro".
He comentado anteriormente, el poco afán de Cooper, por protagonizar este film, aunque y por las razones apuntadas, finalmente aceptó. Y aceptó, sin restricciones, para dar lo mejor de si, para bordar el papel, llevando el peso de la producción y saliendo airoso hasta tal punto que le valió su primer Oscar (el segundo lo ganó por «Solo ante el pelígro» 1952).
La película, de una factura impecable, se ve con agrado, con un crescendo casi imperceptible, que nos va transportando a través de la vida de Alvin y sus vivencias más recordadas. Mencionar también, el papel de Walter Brennan, caracterizado como cura y consejero de York (foto arriba).
En definitiva, se trata de una historia para disfrutar en el entorno familiar, que contempla en parte el viejo dilema entre el bien y el mal, visto desde la óptica personal, y el claro convencimiento del protagonista por sus ideales.