15. POESÍA PERSONAL

Abordar o desbordar el pecho ¿qué más da?
(Dedicatoria implícita en 78 versos)


Abordaré el pecho
cada vez que lo pida
una migaja de sol,
un sueño no vencido
que a real nunca llegará,
la calle por donde tú vas
que limpia mis males...
y sin saberlo...
quizás...
todo lo demás.

Desbordaré mi pecho
al quejido de las estelas,
a un mirarme que me deja frío
y al frío que no se aparta
de mis amores de caminante.
A una flor que el polvo
acerca a la esencia del hombre
y al hombre que sólo es polvo...
cuando debiera ser materia.

Todo tiene cabida,
en el pecho envejecido
por dunas y ventiscas,
hasta el dolor no deseado,
y esa sonrisa postrera
que venerando lacayos placeres...
se abraza afligida...
a los dolores continuados.

Y cuán afortunado es el sol,
amigo,
cumple su destino...
y sólo una débil nube
lo acalla... y
a veces ¡nos bendice!

Pero otros nudos atormentan mis momentos,
cronos, el agua perdida, el beso no dado,
el que no pude recibir, el agua otra vez
perdida con forma de lágrima...
¡qué se yo!...
impotente
ante un discurrir premeditado...
¡qué se yo!...
penitente
del gran juicio ya celebrado.

Sujetos a los cruentos destinos,
como la gran piedra suspendida,
como el docto trinar del agua viperina,
como un surco que no es posible atravesar,
permanece el hombre desnudo
a la intemperie de una palabra proverbial.

Mas nada lo ata, nada lo sujeta,
nada es aleatorio...
todo es sustancial,
ante lo vasto
de las estelas,
que una cruz...
marca en el mar.

Y si pudiera hablar de mi,
si un mínimo atisbo de entereza,
si un golpe alado del destino...
pudiera decirme quien soy...
pero es inútil...
el destino no es sincero
y yo...
yo no creo en él.
Por ello, hablar de mi,
sería favorecerlo y...
mis labios fingen
los silencios que mi alma no quiere.

Cuanta osadía hay en las calles
aunque pequeñas o retorcidas sean,
cuanta enjundia en sus adoquines
y cuantos silencios...
en sus dormidos pasos.

Mas...
a otras calles por tus sándalos trazadas,
a otros resquicios del alma velada,
compañero, querido compañero...
me refiero.



© francisco javier costa lópez

5. MEMORIA GRÁFICA DE MURCIA

El tren botijo, a su paso por Murcia, en una estampa del año 1903.



Muy poco parece saberse acerca de los trenes botijo, a juzgar por la escasa documentación encontrada en la web sobre este tema. No obstante, he localizado una pequeña referencia, en un blog dedicado a la vecina y bella Alicante, el cual transcribo, como testimonio de la existencia de estos arcáicos trenes. En el de la imagen, por si alguien le cabe la duda, se observa en su frente un distintivo en el que puede verse el famoso "botijo", muy apreciado en épocas de calor, por su "gracia de hacer el agua fresca..."


"Pero en 1890 se puso también en funcionamiento un proyecto que, en realidad, se convirtió en revulsivo para el aumento de los turistas madrileños: el “tren botijo”. Se trataba de añadir una posibilidad más barata de emprender viaje hacia Alicante en trenes especiales. El primer "botijo" recorrió las vías el 20 de agosto de 1893; el último en 1917. El viaje era lento y excesivamente caluroso. Por ello sus pasajeros se acostumbraron a combatir las inclemencias con provisión de botijos.
Cada verano, se organizaban seis trenes “botijo”: de julio a septiembre. La llegada a la estación de los “botijistas” (recibidos por comisiones municipales y bandas de músicas) solía ser espectacular por la cantidad de ocupantes que bajaban de los vagones. Se calcula que mientras hubo de estos trenes visitaban Alicante alrededor de 30.000 bañistas cada verano. Para acogerlos, se había llegado ya en 1900 a la cifra de once balnearios." (Extraído de: Alicante en el recuerdo: Los balnearios del Postiguet (III).



Un moderno AVE, saliendo de una estación.
Veremos ¿?, cuando llega a Murcia...
y al resto de poblaciones, que lo
tienen prometido por todos los gobiernos,
sobre todo en elecciones.