martes, 25 de julio de 2017

5. Martes de Opinión

El Tren Alvia que Entristeció al Patrón de España.


Cuatro años han pasado ya, desde aquel fatídico atardecer del 24 de julio de 2013 víspera de la celebración del Santo Patrón Santiago Apóstol, patrón de España y de Galicia. Una dramática coincidencia, que sembró de tragedia el alma de centenares de personas que perdieron a sus seres queridos (80 personas murieron en el suceso, y más de 131 resultaron heridas), y de toda España, que se sumió en el dolor y la pena, por un accidente que seguramente pudo haberse evitado.

El exceso de velocidad, el fallo de determinados mecanismos de seguridad y, quizás la falta de inversión en elementos que garantizaran un control más exhaustivo del paso de estos convoyes por determinados puntos de elevado riesgo, pudieron ser determinantes del siniestro balance.
Ahora, tras una larga lista de investigaciones, informes periciales, revisiones, vistas y recursos, nos sigue quedando el mismo resultado: 80 muertos y 131 heridos.

Poco se ha aclarado sobre el suceso, y ya no se trata de que alguien pague la culpa, si no de asegurar que horrores como el vivido por los viajeros del Tren Alvia, que familias enteras tengan que sufrir este tipo de tragedia y ver su integridad y futuro destruido, que alguien con una vida por delante llena de esperanza y posibilidades se vea mermada en sus condiciones físicas y mentales y roto todo su horizonte, que esto, por Dios, no vuelva a pasar.

Una sola de las pulsaciones de un corazón humano vivo, un gesto, un mirar, un sentir, una palabra, una lágrima, una sonrisa, no tiene precio. Todo lo demás, es accesorio y por contra, tiene un precio, lo que quiere decir, que se puede comprar, pero ¿donde se compra un ser humano?


© francisco javier costa lópez