Llegar al amigo...
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Cortesía de Pixabay.com - Foto: Kazan |
Y Volé a la Otra Orilla
Allí, la luz se congelaba
en el instante de plenitud
en que los silencios del pensamiento,
con un color abisal,
respondían a mis soledades
preguntando dónde ha una flor.
Allí, en la otra orilla
bajo una cripta aureolar
donde respirar es pesada carga
y el temblor,
amigo de manos es,
hallé el alado escoplo de cristal
que en perlada antracita talló
un verso al vuelo
con la forma de aquella flor.
Y allí, compañero,
en la otra orilla,
quedó mi alforja,
más henchida y también más pesada,
más gastada, más vetusta,
porque la experiencia deja brillos en nuestros días
pero pule nuestras querencias
dejándonos solo,
el nombre de la flor.
© francisco javier costa lópez