POESIA PERSONAL

Abordar o desbordar el pecho ¿qué más da?

(Dedicatoria implícita en 78 versos)


Abordaré el pecho

cada vez que lo pida

una migaja de sol,

un sueño no vencido

que a real nunca llegará,

la calle por donde tú vas

que limpia mis males...

y sin saberlo...

quizás...

todo lo demás.


Desbordaré mi pecho

al quejido de las estelas,

a un mirarme que me deja frío

y al frío que no se aparta

de mis amores de caminante.

A una flor que el polvo

acerca a la esencia del hombre

y al hombre que sólo es polvo...

cuando debiera ser materia.


Todo tiene cabida,

en el pecho envejecido

por dunas y ventiscas,

hasta el dolor no deseado,

y esa sonrisa postrera

que venerando lacayos placeres...

se abraza afligida...

a los dolores continuados.


Y cuán afortunado es el sol,

amigo,

cumple su destino...

y sólo una débil nube

lo acalla... y

a veces ¡nos bendice!


Pero otros nudos atormentan mis momentos,

cronos, el agua perdida, el beso no dado,

el que no pude recibir, el agua otra vez

perdida con forma de lágrima...

¡qué se yo!...

impotente

ante un discurrir previsto...

¡qué se yo!...

penitente

del gran juicio ya celebrado.


Sujetos a los cruentos destinos,

como la gran piedra suspendida,

como el docto trinar del agua viperina,

como un surco que no es posible atravesar,

permanece el hombre desnudo

a la intemperie de una palabra proverbial.


Mas nada lo ata, nada lo sujeta,

nada es aleatorio...

todo es sustancial,

ante lo vasto

de las estelas,

que una cruz...

marca en el mar.


Y si pudiera hablar de mi,

si un mínimo atisbo de entereza,

si un golpe alado del destino...

pudiera decirme quien soy...

pero es inútil...

el destino no es sincero

y yo...

yo no creo en él.

Por ello, hablar de mi,

sería favorecerlo y...

mis labios fingen

los silencios que mi alma no quiere.


Cuanta osadía hay en las calles

aunque pequeñas o retorcidas sean,

cuanta enjundia en sus adoquines

y cuantos silencios...

en sus dormidos pasos.


Mas...

a otras calles por tus sándalos trazadas,

a otros resquicios del alma velada,

compañero, querido compañero...

me refiero.


19.05.2006 © francisco javier costa lópez