domingo, 1 de agosto de 2010

Poesía personal

El ocaso es el sueño del día.


Romance al ocaso

Ya te vas al infinito
perdido entre los mil ojos
que bajan de las montañas
curando penas al ahogo.

No quiero de mí tu marcha,
que mi penar toca fondo
disuelto en el leve cantar
de tus afilados blondos.

Ya te vas a las fronteras
en corcel de fino cono,
de cuchillo y sed de mi ayer,
calzado de fuego y rojo.

Ya te vas con la luz tuya
y el silencio decoroso
de tus pájaros dorados,
en la cima del destrozo.

Donde el vidrio es la tormenta,
y a vivir nazco dudoso,
aquí la serena vejez,
es del mar luces y zorros.

Vivo en la feroz quimera,
de fingir amargos votos
en las aladas alburas
del camino engañoso.

No pierdas tu aliño doncel,
en el muro de los tronzos,
que sin flores enmudece
los sueños de verdes copos.

Ya te vas con aire bruno
y labios azul brilloso,
a picos de negros duendes,
siempre entre negros sollozos.

Y por más que lloro a solas,
tu olvido cae más doloso,
cuanto más miro mi llaga,
donde el juicio yace sólo.

Me agito cual vil ventisca,
entre las sombras de escollos,
quejosamente al ocaso
que esparce brillos fastuosos.

Sus infortunados días,
al talle gris de los chopos,
bajan mordiendo cortezas,
mientras acosan los lobos.

Pobre sol, de ocasos muerto,
de breves recuerdos rotos,
de sueños acuchillados
y de luces imperioso.

09.06.2010 © francisco javier costa lópez